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Reseña
Estar en el Azul Profundo es como estar navegando arriba de un barco. En el sector del bar, uno de los espacios centrales, hay un gran mascarón de proa, cruzado por redes de pesca y otra serie de objetos de colección como timones y catalejos. Su especialidad, acorde a su aire nerudiano, son los pescados y los mariscos.
Funcionando en una refaccionada casa antigua, este restorán, de comida típica chilena, ha reinventado su propuesta culinaria, adaptando la cocina tradicional chilena a los sabores agridulces, propios de recetas brasileras, aunque con ingredientes locales. Se ha buscado fusionar lo chileno con lo brasilero -sin perder los platos consagrados-.
Con el chef Claudio Saldías a la cabeza, en su carta destaca el Cebiche moito bom ($5.700), un buen resultado de la mezcla de camarones, quínoa, papaya y jugo de naranja, y el muy recomendable Puro Chile ($9.000), un salmón grillado a la plancha sobre un cremoso risotto de quínoa, acompañado de una salsa de ajo caramelizado. Otro de los favoritos es Pablo y el Mar ($9.000), un muy buen preparado mero grillado servido con pebre de mote, palta, tomate, merkén y jengibre ($9.000).
Azul Profundo también es un buen lugar para los dulces. Tiene de postre la Delicia Nortina ($3.500), un bizcochuelo relleno con crema al limón y cubierto con cristales de merengue.
Fuente: Reseña Restaurante Emol